Voy a adelantar los resultados de una pregunta de nuestra encuesta que no van a sorprender a nadie: más del 90% de las personas que han votado ven algún grado de politización en las fiestas de la Magdalena. La sorpresa es ese porcentaje restante. Por supuesto que las fiestas están politizadas y negarlo es no querer ver la realidad.

Pero tampoco olvidemos que, en parte, si las fiestas están politizadas es porque la propia sociedad está politizada.

Casi todas las personas tenemos ideas. Algunos incluso las defienden desde posiciones de militancia. Algunos son socios de equipos de fútbol, seguidores de Operación Triunfo o veganos. Es absurdo pretender que, cuando una persona entra en una Junta de Festes, deje de tener ideas propias y se convierta en un ser totalmente neutral. Ni en Suiza. Encima, en la JF no se cobra un duro en euros, pero sí una pasta en marrones.

Quiero pensar, y a lo mejor es así porque he estado en esa situación, que nadie entra en la Junta de Festes, con todo el desgaste que conlleva, para j**** a ningún partido. Quiero pensar, y a lo mejor es así porque yo soy así, que una persona puede trabajar junto a otra con la que no está de acuerdo ideológicamente sin ningún problema. Tú te comprometes con que tu trabajo salga bien, independientemente de quien gobierne. Yo me dedico al marketing y no compraría la mayor parte de productos o servicios que ayudo a vender. Eso no quiere decir que no ponga todo mi conocimiento y mi esfuerzo al servicio de los proyectos en los que estoy implicada. Que personalmente no me guste o no lo compraría, importa una m*****. Quiero pensar, por tanto,  que cuando entras en la Junta pasa exactamente igual. Quizá no estás trabajando con el ayuntamiento que ideológicamente te gustaría, pero dudo mucho que nadie entre para hacer daño a nadie.

La suspicacia de que cualquier Junta en la que hay personas que no son ideológicamente de tu cuerda lo que quiere es j**** es el primer sesgo de politización.

Si saco una conclusión de lo que personalmente viví en la Junta y de lo que he visto después es la siguiente: aquí politizan TODOS.

Politiza quien ve con recelo que una persona sea de una ideología concreta antes de que haya dado ningún motivo para desconfiar.

Politiza quien te apoya en privado y te apuñala en público.

Politiza quien te promete ayuda para sacarte información y luego no recuerda haber hablado contigo.

Politiza quien niega la evidencia.

Politiza quien promete cosas que sabe que jamás podrá cumplir.

Politiza quien pasa de todo y deja hacer.

Politiza quien no se entera de nada y vota lo que le dice el que manda o el que tiene al lado.

Eso es lo que tiene una estructura en la que las decisiones las aprueban los políticos como es el Consell Rector. Por la propia naturaleza de las fiestas actuales, una JF no tiene más remedio que lograr el apoyo de los políticos si quiere sacar adelante su presupuesto, su programa o sus propuestas. Las fiestas deberían ser un tema bonico (si escribo la palabra ‘consenso’ la política actual me manda una descarga eléctrica vía el teclado del ordenador) que se saque adelante con algo de acuerdo. Por acordar algo y no parecer que estén permanentemente enfurruñados y tal. Pero en un entorno extraordinariamente crispado, nadie puede pretender trasladar a las fiestas toda la acritud y la mala sangre de la política convencional sin que eso tenga consecuencias o sin que eso acabe contaminándolo todo.

Un ejemplo. La JF tiene que sacar adelante su presupuesto en el Consell Rector (un presupuesto que no puede ser más estático, pero ese es otro tema), donde votan los políticos. ¿Quién tiene que encargarse de buscar el apoyo de los grupos? La propia Junta. En esas micronegociaciones ya se politiza. Porque tú hablas con uno, con otro, te marean y te mareas. Luego, el roce hace el cariño y algunos miembros de Junta acaban engrosando las listas electorales, pero ese también es otro tema. Habría que pensar que tal vez se lo están poniendo en bandeja los políticos que critican la politización de las fiestas pero recurren a gente de fiestas para sus listas electorales.

En resumen: es imposible que no estén politizadas unas fiestas en las que las decisiones las toman los políticos* y en una situación social de crispación en la que se traslada a las fiestas la misma mala baba que tenemos en cualquier otro aspecto de la vida política. El modelo actual está y estará politizado y no tengo nada claro si los políticos, sean del color que sean, tienen alguna intención de dejar que sea así.  Todo lo demás, fantasía y unicornios.

*No hablo de que las contrataciones con dinero público se fiscalicen y se hagan de forma legal y correcta. Eso es lo lógico y deseable. Hablo de la toma de decisiones.