La organización de las fiestas de la ciudad va camino de convertirse en lo más parecido a una noche adolescente de jueves magdalenero. De los tiempos en que el equipo de Tot Bonico era adolescente, claro, que ahora sois todos de tardeo y a las diez en casa. Después de unos cuantos litros de alcohol, el espíritu de Ramoncín se paseaba por las calles desiertas y llegabas al portal de tu casa sin saber quién mandaba en la Junta de Fiestas, mientras el vecino del quinto se debatía entre tirarte el cubo de agua con o sin recipiente.

En los últimos años, la cosa se ha desmadrado. Que cada cual le eche la culpa a quien prefiera. En parte, acertará. “Es que la Junta de Fiestas le hace la puñeta al Ayuntamiento”. “De eso nada, lo que pasa es que los políticos quieren que se larguen porque quieren poner a los suyos”. La verdad es que donde más cerca estuvimos de la respuesta fue en el IV Congreso Magdalenero. Sí, el de 2017 en la Cámara de Comercio. Sí, ese al que te apuntaste y no fuiste. Exacto, ¿ves como no era tan difícil acordarse?

En esos días se vio con más claridad que nunca la relación de fuerzas y debilidades. A un lado del ring, las gaiatas y el PP, haciendo acto de presencia masiva y llevándose de calle la mayoría de enmiendas a las ponencias marco. Al otro, la izquierda y fuerzas afines al equipo de gobierno, más otros vuits i nous i cartes que no lligaven. ¿El resultado? Unas conclusiones que en el Ayuntamiento recogieron con una sonrisa y enviaron al cajón del olvido sin dejar de sonreír, aunque la procesión fuese por dentro.

Y ahí siguen, mira. La Junta de la ansiada renovación, encabezada por Juanvi Bellido, saltó hecha pedazos y aún así el presidente resistió hasta ser destituido en mayo de 2018 por un Consejo Rector al que ha regresado reconvertido en vocal por Vox. Dos meses más tarde, la asamblea elegía a Noelia Selma como nueva presidenta de la Junta, como si fuese un último coletazo del Congreso Magdalenero (ay, qué lejos quedan los tiempos en que la asamblea era controlada por el Ayuntamiento, ¡casi produce nostalgia!).

Lo que pasó a continuación (no) te sorprenderá: los periódicos siguieron hablando de rifirrafes entre la Junta y el Ayuntamiento, y cuando preguntabas a alguno de los protagonistas, lejos de desmentirlo te decía “pues tú no sabes lo último”. Y claro, te ponías a temblar como si tu vecino, el del quinto, se hubiera decidido a tirarte el cubo.

Ahora, el tema es la asamblea. Asamblea o Apocalipsis, esa es la cuestión. La solución mágica a todos nuestros males. ¿Cogerá alguien el toro por los cuernos? ¿Entenderán por fin los hunos y los otros que estamos (aún) más hartos de movidas festeras que de elecciones generales

? Y puestos a soñar: ¿habrá algún día unas fiestas de la Magdalena organizadas con tiempo suficiente, sin tensiones innecesarias? Porque claro, lo de reflexionar en serio sobre el presupuesto del Patronato y su distribución ya lo dejamos para la próxima vida. Y un recordatorio: los únicos que no ven politización en las fiestas son los propios políticos, según cantó la encuesta que hicimos hace unos meses.

Pero oye, mientras tanto, la vida sigue. El otro día, por la calle, dos simpáticas abuelitas se preguntaban en voz alta si le quedaba mucho a Jesús López al frente de la Junta. Palabrita de Tot Bonico.