Acabó el verano, llegó el otoño y con el mes de octubre y el reencuentro con los compañeros de aquí y de allá. La rutina, la normalidad, tal vez la realidad, la vida lejos de la política. La calle, el trabajo y poco más, también la oficina del paro.

A continuación, cinco casos prácticos.

Lunes: caso A
No me contesta, ve la llamada y corta, insisto, llamo, cuelga. Llevo ya unos días, semanas detrás de él. Finalmente me pasa un wasap. “He tenido una recaída muy fuerte. Depresión”. Esta en ello desde hace más de seis años, entrando y saliendo, sobre todo entrando. Desde aquel día en que lo despidieron de la empresa, “un sueño de empresa”. Hizo
méritos sobrados para ello, y el sentimiento de culpa lleva camino de acabar con él.

Martes: caso B
– Pero qué alegría verte, ¡cuánto tiempo!
– Hemos pasado el verano allá arriba.
– Echaba de menos no verte paseando por las mañanas.
– No puedo dejar sola a la mujer, ya sabes.
– Bueno, y por lo demás, ¿todo bien?
– La semana pasada enterramos al hijo pequeño, el de tu edad.
– ¿Y tú como vas?
– Bien, bien.

Miércoles: caso C
Pues no sé si me conocerás cuando me veas, estoy chupao y quemao, cualquier día lo dejo todo y me subo a Artana, al monte, y allí me quedo mientras haya jabalís, ya me pueden buscar. No se puede trabajar tanto, tener un negocio propio es lo último en esta vida, que tonto fui cuando me lancé, soy un esclavo de mis trabajadores.No gano lo bastante como para pagarles a ellos, amortizar el negocio y los impuestos, y eso que vamos a tope de faena, tío, curro de sol a sol, me levanto de noche, y me acuesto un poco antes. Lo poco que me queda no me da ni para irme un fin de semana de vacaciones a Oropesa. Envidio a mis trabajadores. Si me pagaran a mis las horas extras como se las voy a tener que pagar yo…

Jueves: caso D
Ya estamos en la puta calle, han cerrado la empresa, y eso que vendía como siempre. Si lo sabré yo, que no he parado de cargar contenedores desde que volví de la mili. Ya te habrás enterado, todo el mundo lo sabe, todo menos la prensa. Nos han dejado solos, pero como sabemos dónde estamos tampoco pedimos ayuda a nadie; se acabaron los EREs y el marear la perdiz, nos pagan el despido y nos echan. Y aún hay quien piensa que debemos dar las gracias y callar, porque podrían habernos echado con un patada en el culo y sin cobrar.

Viernes: caso E
El sábado por la noche tengo libre, paso a buscarte y te vienes a bailar conmigo, sal a ver mundo. Me bajaré a Castellón, a bailar, y ya se puede arrimar quien quiera que allí estaré yo para bailar, pero sólo para bailar. Me iré solo a dormir y en mi casa, por llamarla de alguna manera. Es una casa grande con puertas a dos calles, hemos resuelto vivir cada uno en una planta por el bien de los críos, y al juez le parece bien, ya hemos firmado. No doy para más, a
principios de mes entra la nómina y se disuelve. No puedo permitirme ningún lujo, pero ni uno, a veces me tomo un cremaet el día 30, eso es todo lo que me queda. Y 100 euros para imprevistos. Joder, y la gente cree que voy en bicicleta al trabajo por no contaminar… con lo enamoradizo que soy, un tercer divorcio no me lo podría permitir.
Podría continuar, pero para qué…

Si hace unos cien años escribía Carles Salvador en su Glosario que Castellón era una primavera continua, hoy bien debería decir que es un otoño continuo, el verano nos duró muy poco y el invierno está ahí. A la vuelta de la esquina.

Au

El Regador