Ah pues! A la altura de la Plaza Borrull con Hermanos Bou, el año comenzó estupendamente y por todo lo alto como bien viene siendo habitual desde el siglo pasado. Además, con un tiempo estupendo. Disparo del cohete anunciador, inicio, paso y final de la célebre, entre el món castellonero, Cabalgata de Reyes. No es que se renueve ni mucho poco, pero los de la Plana somos así, poco amigos de echarnos al monte pues ya estuvimos una vez allí y quizás porque ya sabemos lo que eso y nos bajamos, tranquilos, lo dejamos estar. Lo contrario sería decepcionarnos, otra vez será, cierto es siempre lo mismo, pero si cambiase pondríamos el grito en el cielo, aunque nadie nos escuchase.

Imposible mantener una conversación ni de critica ni de elogio al paso de los primeros protagonistas de la cabalgata, segundos y aun terceros. Un ruido insufrible, ni siquiera es música. Cualquier obrero en la calle dando buena cuenta de una zanja con su martillo neumático logra más armonía, ritmo y compás que semejante estruendo infernal rompe-escaparates que acompañaba buena parte de la comitiva.

El desfile pagano no defrauda, el Señor los perdone y un día les haga ver la luz o tan solo escuchar el sonido de los mil y un villancicos en sus múltiples versiones rock, disco que bien podrían acompañar sus pasos, quina enveja més gran el món anglosajón i la seua música nadalenca. La barrera de gente es tal que la mayor parte del desfile te lo debes imaginar por muy pronto que acudas a pillar sitio; como ya lo has visto, eso no supone ningún problema y como siempre sucede cuando crees que ha llegado la calma sientes los tambores lejanos, y ahí esta la quintaesencia de Nadal amb forma de batukada.  Y ¿estos, esta buena gente de parte de quién estaban hace dos mil años?, no lo sé, el niño debe llevar una plorera de tres pares de aguacates, un miedo terrible. Conforme pasan y se alejan, tanta paz llevan como dejan. Se agradece un instante de paz mientras la
dulzaina y el tabalet se abren paso. Y ahí por fin, tras patir lo indecible llega la auténtica cabalgata, la cristiana, y se deja escuchar por fin un villancico, un suspiro, lo único que año tras año se salva musicalmente hablando.

Lo bueno si breve dos veces bueno, en este caso tres, un rey, dos reyes, tres reyes, camión de bomberos y se acabó. “Y ya esta” va dir mon tío Andrés, “això es tot”. Como si no la hubiera visto nunca, todos los años es lo mismo: “merece la pena salir de casa solo por ver el camión de bomberos” concluye serio y tajante. Es lo mejor. La música que acompaña a los reyes es tan solemne que da miedo, mas de un chiquillo y dos por mucho mundo que haya visto en internet tendrá pesadillas, algo menos serio y más alegre sería ideal. Al final la lluvia de caramelos, la música y la sirena se tornan en el desenlace de una película de terror de serie B y piensas en salir corriendo Hermanos Bou abajo pero al girarte ves la brigada de limpieza parapetada y armada
dispuesta a entrar en acción y no sabes para donde tirar. Se acabó.

El paso de Baltasar, como siempre y un año más no defraudó lo más mínimo; debería ser declarado cuando menos Bien de Interés Turístico o similar. Ya lleva gafas, no recuerdo que llevase el año pasado; nos hacemos mayores, y ya es tarde para cambiar.

Au

El Regador