Tengo frente a mí triste cansado y abatido como nunca lo he visto a mi tío Andrés. Hundido es la palabra, al borde de rendición y muerte. Aprovechando el buen tiempo,
tras los cacaos y las aceitunas del almuerzo -hoy no tocaba ajoaceite- con la excusa de hacer unas llamadas telefónicas, a la antigua usanza desde un fijo, y a la vez pegarnos
una charraeta, ha pasado a verme.

Ha estado hablando un buen rato con alguien de ahí del centre del món mateix de l’horta valenciana, todo ilusión, todo parecía ir estupendamente hasta que al final ha colgado casi de malas maneras o tal vez le habrán colgado. Cosa rara en él, ahí sigue callado y envuelto en sus pensamientos. Miedo me da el preguntar, entre otras cosas porque he sido testigo de la conversación, y estoy poco menos que como él, Indignat per tot y Amb tot el món i això, que les dues son de Netflix i no veien la televisió més que per guadir de la pilota valenciana.

A mi tío Andrés le toca este año -y no es uno cualquiera- organizar por todo lo alto como cambio de década, la reunión de su quinta, y era como bien digo todo ilusión o lo era hasta hace un momento, cuatro gatos que quedan, había pensado hacer un montón de cosas, entre ellas conseguir una visita guiada a Bétera y tal vez pegar algún tiro. Y ahora que sabe en qué dirección disparar la cosa se pone interesante.

Después de la visita, irían de comida y cena a una masía de la que le habían hablado maravillas ,una de tantas de esas que hay entre naranjos. Nada de tonterías, nada de prisas; también noche y desayuno del día siguiente incluidos, y ahí han comenzado sus problemas, cuando ya estaba todo cerrado, fechas, asistentes, menú, baile, noches. A la hora de repasar, el último fleco ha sido decisivo.

– Un momento, señorita, antes de dar el visto bueno a todo: repítame el desayuno del domingo, la parte líquida en concreto. Café, leche y ¿lo otro qué es? Corríjame si me equivoco, ¿me está diciendo que el zumo de naranja que ustedes sirven en medio de lo millor de la nostra terra es de tetrabrik y que si lo queremos natural lo hemos de reservar ya mismo y conlleva un suplemento de dos euros por persona, bebamos todos o no?
– Sí, así es. Si lo quiere natural lo ha de reservar ya y supone un incremento de dos euros.
– Pero acaso lo sirven ustedes entre violines. Mire, antes de seguir y decir alguna barbaridad, ¿puede pasarme con el amo y solucionamos lo del zumo?
– Está aquí delante, al corriente de la conversación.
– Y no se puede poner.
– Me dice que no.
– Bueno, pues no le hago perder más de su precioso tiempo a ninguno de los dos. Disponga del día y la noche que íbamos acordar para lo que quiera; buscaré otro lugar para la celebración, que tengan un buen día.

Por fin, reacciona. Tal vez creía que lo iban a llamar y arreglar el fleco taronja, pero no. Y cuando le pregunto a mi tío ¿qué ha pasado?, a duras penas se levanta y comenta: Los valencianos somos gilipollas. Voy hacer como los futbolistas de antaño, buscarme un abuelo en la sierra de Teruel y con dolor de corazón pedir la baja como valenciano cambiar de nacionalidad y hacerme turolense, vete tu a Teruel a pedir un plato de jamón a ver qué te sirven.

Au

El Regador