En un lugar de Castellón, un poco más allá. 8:35 AM Hora Orellut

(Viene de la semana anterior)

Me siento despreciado, dejo que el autobús termine de pasar y me marcho, aparco y voy a mi destino dando un rodeo, evitando pasar por la puerta de la iglesia. Trato así de olvidar lo que he visto. Hay miradas que matan.

La acera es estrecha, pero como no veo infante alguno tirando de mochila ni ninguna madre vigilante al seu costat, ni aún abuela con el carrito de la compra tras de sí, me dejo llevar hacia mi destino de todos los viernes. Tan solo a lo lejos veo lo que parece ser un señor mayor y bien plantado, fadrí i amb muletes, aseado, mudado, hecho un pincel. Ha debido sonarle el móvil pues, parece, se ha parado, dejado a un lado y otro las muletas, desenfundado el para mi
inalcanzable iPhone no sé cuántos y entablado conversación con su interlocutor.

Sin duda son malas noticias las que recibe, y peor cara se le queda, tras un par de no me jodas, la mare que va, y algún que otro hostia puta, entre medio de collons, collons i collons. Contrariado lo veo guardar el teléfono y a medida que me acerco voy sintiendo pena, qué le habrá ocurrido a este pobre desgraciado tan de mañana. Pero pronto se me pasa.

Se echa mano a la cartera y rebusca papeles y más papeles. La Primitiva, la Bonoloto, el cupón, y tres o cuatro recibos más. Al parece no ha tenido suerte, no va a ver un euro de lo invertido. Nada le ha tocado, salvo cabrearse. Debía ser su último cartucho financiero, pienso si no va a quedar en la indigencia más absoluta y lo veré el próximo día en las gradas de la iglesia luchando por abrirse un hueco a muletazos. En fin, con paciencia, uno a uno rompe los resguardos en mil y un pedazos que va dejando caer al suelo, mirando embobado como se esfuma su futuro.

Hoy no es mi día, me falta valor, aun llevando muletas es un armario ropero, no me puedo enfrentar a lo que veo. Ni si quiera lo miro, aunque él si que me ve y me reta: “tú que cojones miras, ya lo limpiarán, para eso pagamos, niñato gilipollas”, así que un par de metros antes me desvió y paso andar por la calzada, y tras unos pasos después me incorporo de nuevo a la acera, miro hacia atrás, veo el rastro de papelitos y salir un Mercedes conducido por ese pobre hombre, ciudadano ejemplar y respetable. Un ciudadano como otro u otra cualquiera.

Au

Podría continuar, pero para qué.

El Regador