Es un fenómeno habitual en este Castellón primaveral y preelectoral: te levantas, miras la portada de Levante para ver si están cargando contra la Junta de Festes y abres el Facebook para enterarte de los últimos totboniquismes. De repente, un par de peticiones de amistad tróspidas te nublan la vista: fulanito, menganito y sotanito quieren ser tus amiguis, como en el patio del cole.

Todo bien si fulanito, menganito y sotanito no fueran candidatos o precandidatos a la alcaldía de Castellón en busca de contactos a los que dar la brasa. Porque, señoras y señores, cuando una persona se convierte en candidato o candidata, al momento es una marca y una marca no tiene amigos, tiene seguidores.

Es discutible si utilizar un perfil personal en lugar de una página en Facebook da sensación de cercanía o de amateurismo. ¿Es que el candidato realmente quiere ser mi amigui, felicitarme el cumple y mandarme memes sobre cómo hacerme rico y el aspecto que tendré a los 70 años o es que le da vergüenza pedirmeque le siga como si fuera una celebrity?

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